domingo, 10 de junio de 2012

Leer. No importa el medio


Alejándonos discretamente de tecnofilias o tecnofobias, dejando atrás ciertas nostalgias como el tacto del papel o el olor a tinta, siendo conscientes de los cambios como activadores de futuro y no como inhibidores del desarrollo, hay un hecho presente en el mundo, hoy, de la lectura: los libros electrónicos están aquí, y han llegado para quedarse.

Con poco peso, ergonómicos, letra del tamaño deseado y amplio catálogo de libros en muy poco espacio, están aquí para ser leídos, recitados o escrutados, buscando historias o ensayos, poesía o prosa. Desde el Cantar del Mio Cid a las últimas novedades, todo en uno. Una pequeña o gran biblioteca en la mesilla de noche, en la toalla de playa, en la mochila. Acompañándonos en esperas o tardanzas y en ocasiones provocándolas al vernos inmersos en ese desenlace final de una historia que desde hace varios días elimina sueño y pereza, ese final que abrirá las puertas a una nueva lectura en un bucle infinito. 

No es objeto de este texto balancear el soporte de las lecturas, ni mucho menos atribuir al medio las bienaventuranzas de vendedores de libros de papel y tinta o de los consabidos e-book. Cierto es que ambos medios están cada día más presentes en nuestras manos y que cada cual deberá decidir si uno, otro, o los dos. El que esto escribe cada día lee más. Leer por el gusto de hacerlo dejando a un lado los parabienes de los medios que sostienen esas letras, sin conocer, ni tintas ni bytes, lo que las historias despiertan en el verdadero protagonista de la lectura, el receptor último de la historia que conforme la desgrana construye la suya propia tomando de acá o allá aquello que más le gusta, construyendo en definitiva su propio libro. 

Mucho hay escrito de juicios sumarísimos a los elevados precios de los libros actuales en librerías, en papel, y ríos de bytes fluyen de los que dicen que descargando libros en internet va a morir la cultura. De todo habrá como en botica. El debate económico y comercial existe y serán los que con esto ganan dinero los encargados de resolverlo en pro de sus beneficios aunque unos y otros lo enmascaren de cultura y humanismo. De ellos son los rendimientos y ellos optarán por mantenerlos. 

Claro está, eso sí, que los jóvenes que se inician en el mundo de la lectura serán los que decidan hacia dónde se mueve la balanza. Ellos, los nativos digitales, serán los que optarán por los soportes que mejor se adapten a sus hábiles manos que con una velocidad de vértigo escriben, en un nuevo idioma con pocas reglas, en las pequeñas pantallas de sus teléfonos móviles. Ellos serán los jueces y ellos los receptores de esas historias que desde la transmisión oral, pasando por piedras, maderas o pergaminos, hasta llegar al día de hoy siempre ha servido para expresarnos y comunicarnos con los demás.

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